
Hace medio siglo, durante la década de los 70’s e inicios de los 80’s, llegaron al estado de Arizona los primeros inmigrantes provenientes del Perú. La mayoría de ellos destacados profesionales, quienes no tuvieron otra opción que dejar sus vidas, sus mundos y a sus seres queridos, enrumbando hacia el país del norte acompañados solo de conyugues e hijos, escapando de la espantosa crisis social y económica por la que atravesaba el Perú bajo el mando de los militares. También vinieron jóvenes para estudiar y hacerse de una profesión, buscando labrarse un futuro en este país. ¡Y vaya que muchos lo lograron! Añadiremos que esta primera ola de peruanos que se afinco por estos lares tuvo que asimilarse casi por completo a la forma de vida aquí en USA. Aprendiendo el inglés y dejando a un lado el español, pero manteniendo en la mayoría de los casos, el amor por el Perú, he incluso algunas de sus costumbres.


Durante mediados de la década de los 90’s, ocurrió la segunda ola de inmigrantes peruanos que arribaron a este caluroso estado asentado sobre el desierto de Sonora. Esa vez, el número de peruanos fue mayor y de más ancha base y llegaron huyendo de la guerra interna, los bombazos y la eterna crisis que aqueja al Perú. En su mayoría gente de provincias y de barrios populares, quienes llegaron cargados de costumbres y sobre todo de sus riquísimas comidas. Sin embargo, la asimilación al sueño americano fue más rehacía para quienes llegaron pintando canas, ellos sí se adaptaron, pero nunca se la creyeron. No así los adolescentes y niños, quienes si se asimilaron con facilidad. Debo recalcar que en este grupo se habla mucho español, y algo de inglés. Se respira peruanidad, no olvidan quienes son y de dónde vienen. Y por supuesto que cuentan con sus insumos, productos y auténticos restaurantes peruanos.

Ya hace buen tiempo vengo redactando un libro contando la historia apasionante de los restaurantes peruanos en el estado de Arizona. El esfuerzo, la pasión, y el sacrificio de unos cuantos héroes no debe quedar en el olvido. Debemos mostrar al mundo a quienes se la juegan por ofrecer nuestra comida al mundo, a pesar de los obstáculos y problemas a los que se enfrentan. Y lo sé de primera mano, porque lo vivo desde aquel marzo del 2009, cuando comenzó mi carrera en la industria de la comida peruana. Quise empezar por la cocina, la cual me apasiona, pero el rigor de ese trabajo me expulso hacia el salón, así comencé trabajando como mesero en el único restaurante peruano que operaba por entonces en el estado de Arizona, el recordado “Rincón Peruano”, del Chef Peruano Raúl Rojas, de quien aprendí un montón. Este rincón de peruanidad inicio sus operaciones con bastante éxito a inicios del nuevo siglo.

Según mis indagaciones, a mediados de los 90’s se inaugura el primer restaurante de comida peruana en Arizona, “El Peruanito” de la familia Arriola, no sé cuánto tiempo operó exactamente, pero sí sé que cerraron sus puertas ante la partida del Chef Rojas. Con Raúl trabaje algunos meses, exactamente hasta Octubre del 2009, cuando el Ing. Jorge Benavente (QEPD) me lanza una inmejorable propuesta para trabajar e inaugurar con él, y su socio Edwin Burns, su flamante restaurante “Contigo Perú”, ubicado a media milla de mi casa. Desde un inicio el éxito fue enorme, sin embargo, divergencias en cuanto a la administración, llevaron al retiro de Jorge, dejando a Burns y su esposa Mónica, la ardua tarea de sacar adelante el negocio. Pocos meses después el Contigo Perú se convertía en el local favorito de muchos, especialmente de los críticos y la prensa. Al mismo tiempo que el “Rincón Peruano” cerraba sus puertas.

Durante todo este tiempo he asistido a la apertura, y el cierre, de varios restaurantes peruanos; El Farol y de Mi Tierra en Phoenix; Las Rocas en Gilbert; Villa Perú, primero en Tempe y luego en Tucson; El Incas en Tucson y en Scottsdale; Mario’s en Tucson; Los Incas en Queen Creek; El Tumi en Chandler; El Chullo y Los Andes en Phoenix; El Toquepala, El Inca Fest, El Auténtico y el Taste of Perú en Mesa, hasta llegar al Inca Fusión. Una historia de pasiones, esfuerzos y hasta traiciones que me tocó vivir. En este tema nadie puede venir a contarme cuentos, al menos desde el tiempo que empecé a formar parte de ella. Conozco bien a los personajes, las acciones que ejecutaron y los resultados que obtuvieron. La mayoría de ellos gente estupenda, muy trabajadora y hasta en algunos casos geniales. Sin embargo, como en toda novela, nunca faltan los villanos, a quienes mejor ignoraremos para no manchar las páginas del libro en camino.

Hoy hablaremos de este nuevo y flamante restaurante peruano que llega desde California a sumarse al Chullo y Los Andes en Phoenix, y al Incas y el Villa Perú en Tucson, los únicos que aún perduran de los antes mencionados. La comida del Inca Fusión está buena, la atención es cordial y el lugar acogedor. Y es el primer local de comida peruana que se inaugura en la zona Northwest del valle, concretamente en la Ciudad de Avondale. Fácil de llegar a través de la interestatal 10 West, a menos que te atrape el tráfico que por momentos se forma en esta concurrida vía . Sus Carnes, la Huancaina y los Rolls Acevichados, compensarán el manejo, además, los viernes por las noches presentan música criolla en vivo. Allí estaremos para jaranearnos bebiendo unas Cuzqueñas bien heladas . “Felicitaciones a Mario y Luis”, gestores de este proyecto innovador que muestra una propuesta fresca de la afamada cocina peruana.
Franklin Jauregui
Chandler / Septiembre 2023

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